Una noche fría, una pequeña niña llamada Sofía fue encontrada sola frente a la puerta de una casa. Tenía apenas seis años y abrazaba una vieja muñeca mientras esperaba que alguien regresara por ella.
Una mujer que vivía allí la encontró y le preguntó:
—¿Dónde están tus padres?
Sofía bajó la mirada y respondió:
—Mamá dijo que volvería por mí… pero ya llevo muchas horas esperando.
La mujer la llevó dentro, le dio comida y un lugar donde dormir. Esa noche, Sofía preguntó antes de cerrar los ojos:
—¿Usted cree que mi mamá todavía me quiere?
La mujer no pudo contener las lágrimas.
—Claro que sí, pequeña. Tú mereces que te quieran.
Pasaron los años. Sofía creció y nunca volvió a ver a su madre.
Sin embargo, jamás olvidó aquella noche.
Cuando fue adulta, decidió trabajar ayudando a niños que habían pasado por situaciones similares.
Y cada vez que encontraba a un niño abandonado, le repetía las mismas palabras que una vez escuchó:
“Que alguien te haya abandonado no significa que no merezcas ser amado.”
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