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Los humilló y se fue

 María tenía unos padres humildes que habían trabajado toda su vida para sacarla adelante. Cuando ella consiguió un buen trabajo y comenzó a ganar dinero, empezó a avergonzarse de ellos.

Un día, sus padres fueron a visitarla. Llevaban ropa sencilla y unos alimentos que habían preparado con mucho cariño.

María, delante de sus amigos, los miró con desprecio y les dijo:

—¿Por qué vienen así? ¡Me hacen quedar mal!

Su madre bajó la cabeza y su padre guardó silencio.

Después de aquella humillación, María tomó sus cosas y se fue de la casa sin siquiera despedirse.

Pasaron los años. Sus padres envejecieron y nunca dejaron de esperarla.

Una tarde, María regresó buscando a su madre, pero encontró la casa vacía. Una vecina le entregó una pequeña carta.

Decía:

“Hija, nunca dejamos de quererte. Ojalá algún día entiendas que nosotros nunca nos avergonzamos de ti.”

María rompió en llanto.

Había pasado tantos años huyendo de sus padres por vergüenza, que ahora daría todo lo que tenía por volver a escuchar sus voces.

Nunca humilles a quienes estuvieron contigo cuando no tenías nada. El dinero puede regresar, pero el tiempo y las personas que amamos, no siempre.

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